Grupo Tanet, haciendo historia.

Hay una larga y bonita historia detrás de nuestra experiencia como grupo constructor.

Haciendo un poco de historia, fue en 1887 cuando un vasco de Durango llamado D. Pedro Solaeta, de profesión contratista de obras, partió hacia Cantabria para ejecutar el tramo de ferrocarril que une las localidades de Beranga y Villaverde de Pontones. Durante los años que duró la obra, conoció a la que posteriormente fue su mujer, echando de esa forma y definitivamente, raíces en Cantabria. A partir de ahí, nacieron sus hijos, nietos y bisnietos, los cuales en su mayor parte han seguido la tradición familiar desde la empresa inicial denominada allá por el siglo XIX Construcciones Solaeta y pasando por diversas denominaciones posteriores, se ha llegado a las dos sociedades que hoy conforman GRUPO TANET y que aquí nos ocupan.

Algunas de nuestras promociones históricas son la Estación de Anero, el Casino de Berria, el Balneario de la Playa de San Martín, Hotel Juan de la Cosa y puentes que han unido caminos sobre los ríos Ebro y Miera.

Muchas personas, muchas vivencias, muchos momentos únicos han transcurrido entre paredes edificadas por nuestras manos.

Hoy estamos un poco nostálgicos echando la vista atrás y os queremos compartir un poco de historia sobre una de nuestras construcciones con más historia: El Casino de Berria.

Un barco de piedra sobre una playa de finísima arena blanca apenas transitada salvo por los locales. Aquel era un lugar especial. Glamour solitario de frecuencia alta junto al mar. Poesía pétrea incrustada en cristales de sal. Romanticismo soportando tormentas, largos y cálidos veranos y turistas curiosos por ver qué era aquella espectacular construcción.

A mediados de los años 40, la santoñesa playa de Berria era un paraíso deshabitado y salvaje a años luz de cualquier concepto del turismo que hoy día conocemos y allí estaba, imponente, aquel navío inmóvil recién construido. Casi el único lugar con vida de la playa, donde majestuosamente anclado en un paraje auténtico invitaba a dejarse hechizar por la efervescencia de la brisa marina y la espuma de mar mientras desde la terraza se contemplaba el ocaso por el oeste.

Las opciones de ocio en la posguerra no abundaban y menos aún en un pueblo de pescadores, por lo que algo tan novedoso en la forma y en el fondo se convirtió en escenario de bodas, banquetes, bailes sociales y homenajes.

Y aunque la historia de este emblemático edificio llegase a su fin forma parte de nuestro largo recorrido, alojando momentos únicos entre cimientos levantados con nuestro esfuerzo.

Casino de Berria

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